La empleabilidad del útil a la mano , el uso, comprende una destreza del hombre, una clase de competencia corporal, que como especie todos poseemos, y que preliminarmente hemos identificado como un especial desplazamiento de la atención. Éste, sólo es posible desde la estructura corpórea del hombre, dado el gobierno que demuestra en la articulación de su corporalidad, y que bien podría ser ubicada como una característica óntica de aquello que llamamos ser humano. El para algo está determinado por el uso, y el uso podemos desprenderlo de la actividad humana, de las ocupaciones naturales diarias. Para realizar muchas de las acciones cotidianas empleamos objetos que facilitan nuestro hacer. Durante el empleo del objeto no cuestionamos su procedencia ni su composición, simplemente lo empleamos en aquello que necesitamos. El carácter pragmático de trato con los objetos del mundo está determinado por su falibilidad.
Cuando sostenemos una herramienta con la mano y la empleamos, por ejemplo, al sostener un lápiz, nuestra atención no se encuentra dirigida a la operación de sostener el lápiz, ni tampoco a la sensación que nos produce la forma y textura del lápiz al sostenerlo. Es algo hacia lo que no dirigimos la atención, ya que ésta está direccionada hacia el empleo del lápiz, a aquello que con él realizamos. Es probable que este fenómeno resulte obvio, sin embargo, sabemos, que la apelación a lo obvio es una actitud metodológica reprochable, y que históricamente ahí, donde se ha tomado algo por cotidiano y revelado, se esconden siempre enseñanzas primigenias.
¿Qué clase de estructura o proceso opera cuando desplazamos la atención de aquello que sucede con nuestro cuerpo y de alguna manera canalizamos la voluntad dentro de una herramienta?
Cuando sostenemos una herramienta con la mano y la empleamos, por ejemplo, al sostener un lápiz, nuestra atención no se encuentra dirigida a la operación de sostener el lápiz, ni tampoco a la sensación que nos produce la forma y textura del lápiz al sostenerlo. Es algo hacia lo que no dirigimos la atención, ya que ésta está direccionada hacia el empleo del lápiz, a aquello que con él realizamos. Es probable que este fenómeno resulte obvio, sin embargo, sabemos, que la apelación a lo obvio es una actitud metodológica reprochable, y que históricamente ahí, donde se ha tomado algo por cotidiano y revelado, se esconden siempre enseñanzas primigenias.
¿Qué clase de estructura o proceso opera cuando desplazamos la atención de aquello que sucede con nuestro cuerpo y de alguna manera canalizamos la voluntad dentro de una herramienta?
No hay comentarios:
Publicar un comentario